Convención
Internacional de 1925
Cedar Point, Ohio, EE.UU. 30 de junio de 1925
Estimados Leones y damas:
Supongo que habrán escuchado la historia
aquella que representa a la oportunidad
como a una dama muy caprichosa, que toca
en todas las puertas una sola vez, y si
no abrimos la puerta rápidamente, ella sigue
su camino y nunca regresa. Y así es como
debe ser. Las damas hermosas y deseables
no esperan. Hay que ir por ellas cuando
se presenta la ocasión.
Yo soy esa oportunidad. Estoy tocando a
la puerta de ustedes. Quiero ser adoptada.
La citada historia no dice qué tenemos que
hacer cuando se presentan varias oportunidades
ante la misma puerta. Supongo que hay que
escoger a la más hermosa. Espero yo sea
a la que ustedes quieran adoptar. Aquí,
yo soy la más joven, y lo que ofrezco viene
lleno de oportunidades de servicio.
La Fundación Norteamericana del Ciego tiene
apenas cuatro años de vida. Nació de las
necesidades imperiosas de los ciegos, y
los mismos ciegos le dimos existencia. Sus
horizontes de acción y su importancia son
nacionales e internacionales. En ella son
representadas las mejores y más eruditas
ideas sobre el tema que nos ocupa. Su finalidad
es darle mayor utilidad a las vidas de todos
los ciegos, aumentando su valor económico
y ofreciéndoles el placer de una actividad
diaria normal.
Imagínense ustedes cómo se sentirían si
de repente hoy quedaran ciegos. Imagínense
dando tropezones y andando a tientas, a
plena luz del mediodía como si fuera noche;
sus trabajos y su independencia, perdidos.
En ese mundo de tinieblas, ¿no estarían
ustedes contentos si algún amigo los tomara
de la mano y dijera "Ven conmigo y te enseñaré
cómo hacer lo que podías hacer cuando veías"?
Esta es la clase de amigo que la Fundación
Norteamericana del Ciego va a ser para todos
los ciegos de este país, si todos los videntes
le dan el respaldo que necesita.
Todos ustedes han escuchado cómo una pequeña
palabra pronunciada con las señales de los
dedos de las manos de otra persona, cómo
un rayo de luz nacido en otra alma llegaron
hasta la oscuridad de mi mente y pude hallarme
a mí misma, hallar el mundo, hallar a Dios.
Y ahora puedo trabajar por mí y por los
demás, porque mi maestra pudo entenderme
y pudo irrumpir a través de la oscuridad,
la prisión del silencio en que me encontraba.
Más que el dinero, queremos su atención.
El regalo que no viene con el interés y
la buena intención del que lo obsequia,
no tiene valor. Si ustedes tienen el interés
de ayudar a los ciegos, si podemos conseguir
que en este país todos los demás tengan
interés, sin duda alguna que el ciego triunfará
sobre la oscuridad.
La oportunidad que yo les traigo, Leones,
es esta: la de promover y patrocinar los
fines de la Fundación Norteamericana del
Ciego. ¿No me ayudarán ustedes a alcanzar
el día en que ya no exista la ceguera evitable;
¿que no haya chicos sordos o ciegos, sin
enseñanza; ¿que no haya ni hombre ni mujer
ciegos sin recibir ayuda? Yo les suplico,
Leones, a ustedes que pueden ver y oír;
que son fuertes, valientes y bondadosos;
¡sean los paladines del ciego en esta cruzada
contra la oscuridad!
Gracias.